El individuo está viviendo una crisis de adaptación a los tiempos que le está tocando vivir pero no sabe cómo hacerlo, los acontecimientos no le dan tiempo suficiente para entender lo que sucede y menos para poder generar una adecuada respuesta de adaptación.
Y como la sociedad se conforma de individuos, la sociedad también entró en ese descontrol y sus efectos visibles son: Violencia, pobreza, falta de oportunidades, desconcierto, la ausencia de un liderazgo evidente y efectivo. Todo esto ha permitido para que algunas personas se aprovechen de ese temor y de la ignorancia respecto a lo que hay que hacer, ya sea por acción u omisión de las autoridades supuestamente competentes pero también de la mayoría de las y los costarricenses.
La clase política tradicional perdió el rumbo y tampoco tiene idea de cómo leer, adecuadamente, los signos de los tiempos para generar así propuestas políticas, económicas y sociales sostenibles y sustentables. Se aferran a las instituciones públicas inertes que no responden a las mínimas expectativas de los ciudadanos, ignorando que más bien se han convertido en fines en sí mismos.
A tal punto es la parálisis estatal que pareciera que el Estado y sus instituciones, más bien, parecieran tener una nueva misión: Ser freno al desarrollo económico y social del país.
Todo eso crea un gran descontento y frustración en la ciudadanía unidos al desconcierto y temor individual, lo que a su vez, se convierte en el caldo de cultivo para que pseudo líderes y sus grupos se monten sobre esas emociones y logren que las personas renuncien a su inteligencia y actúen en forma irracional. Esto sucede porque esos pseudo líderes les están ofreciendo un salvavidas, un faro que les diga hacia adonde ir.
Esas son las células terroristas nacionalistas, grupos terroristas, ecologistas y religiosos ortodoxos que ofrecen frenar una falsa paz al frenar el desarrollo tecnológico. Unos aduciendo que está contra del medio ambiente, la soberanía nacional y de las personas y otros porque atenta contra el plan de Dios.
Son ideas extremistas y radicales, por lo que sus voceros no dialogan con nadie que no acepte incondicionalmente sus posiciones y si participan en algún tipo de negociación, lo hacen para dar la falsa impresión de ser organizaciones democráticas pero de antemano negaran considerar otra alternativa que no sea la suya.
Existen personas y grupos que están claros sobre la acción perjudicial de esos pseudo líderes y sus organizaciones; así como, de la acción inoperante del Estado. Sin embargo, o no les dan la debida importancia o no saben cómo hacer para estructurar una propuesta alternativa a la de los pseudo líderes y sus grupos. Probablemente, esto se da porque ellos mismos están viviendo sus propias crisis de adaptación e identidad.
Todo lo anterior, no es exclusivo de la sociedad costarricense, sino de toda la Humanidad, lo particular para Costa Rica, será la respuesta de adaptación que como nación, como sociedad, defina su particular estrategia para enfrentar los viejos y nuevos retos; así como a las externas e internas amenazas.
El mayor peligroso para poder generar una respuesta adecuada, está en la complacida orientación de la raza humana hacia el pasado, su negativa a aceptar la irreversibilidad y realidad del cambio. Una y otra vez, el cerebro humano se niega a ver las grandes opciones que ofrece el cambio, aun el de algunos grandes científicos y académicos se resisten a aceptar el cambio.
Esa resistencia reduce así sus preocupaciones y conduce a una falsa y momentánea seguridad, solo para verse después rudamente sacudido por el influjo imparable del cambio, que no solo hará inoperantes las defensas argumentadas sino que destruirá todo lo que querían preservar.
En Costa Rica, tenemos un ejemplo claro de resistencia al cambio en la acción sistemática seguida por algunos líderes sindicales ligados al sector público, dirigentes políticos izquierdistas, pequeños y medianos agricultores y ecologistas integrados en lo que ellos llaman, el Movimiento Cívico Nacional, formado aparentemente en agosto del 2004.
El modo de operar de sus dirigentes, consiste en posiciones radicales y en acudir al bloqueo de vías públicas, paro y huelgas de los servicios en manos de instituciones públicas, con lo que a quienes lesionan directamente es al mismo pueblo cuyos derechos supuestamente dicen representar.
A raíz de una supuesta cumbre de “sectores sociales”, realizada en abril 2005, ese grupo da una muestra clara de su intransigencia y desprecio por el actual estado social de derecho costarricense.
Eso se puede comprobar en las declaraciones que diera uno de los integrantes del ese Movimiento Cívico Nacional Carlos Alberto Solís Blanco, respecto al Tratado de Libre Comercio de Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos de América, según nota del periódico La Nación del 15 de abril de 2005, ese dirigente advirtió: “…si Pacheco envía el documento al Congreso será interpretado como una provocación a la confrontación”.
Continua la nota periodística citando al señor Solís Blanco “Si la prudencia no puede imponerse y la avidez de negocios de unos cuantos hace que ese TLC llegue al Parlamento, no nos quedará más que vernos en las calles y en las condiciones que sea”.
Análisis de contenido y de las respuestas
Las manifestaciones del señor Carlos Alberto Solís, integrante del Movimiento Cívico Nacional, además de ser un excelente ejemplo de lo que se dice en los antecedentes de este documento, también nos permite sacar algunas valiosas conclusiones:
La primera; este grupo busca arrogarse la representación de los sectores sociales, como si todos los distintos actores sociales estuvieron presentes en esa cumbre en comillas, según La Nación. Esto con el afán de legitimar su actuar presente pero sobretodo el futuro, además de dar la impresión de ser movimiento grande, fuerte, representativo y paradójicamente democrático.
La segunda conclusión, es que ninguno de los grupos sociales no participantes en ese acto pero aludidos indirectamente, hacen manifestación alguna sobre lo publicado por La Nación respecto a ese evento. Pareciera que esas organizaciones prefieren ignorar tales declaraciones, pensando que no pasaran más, a pesar de las experiencias vividas con el llamado Combo del ICE y más recientemente con los bloqueos de vías nacionales por el tema de Riteve.
Y al hablar de otros grupos sociales, no hay que entender únicamente a las cámaras patronales sino también al resto de organizaciones sociales existentes en el país, como son colegios profesionales, cooperativas, asociaciones de desarrollo y solidarizas, etc., todas ellas también forman parte de la sociedad costarricense y como tal deben asumir una posición conciente respecto a temas de tan vital impacto para Costa Rica.
Tercera conclusión, es que tales manifestaciones a desconocer el estado de derecho, no pueden ser interpretadas, ni más ni menos, como un acto de sedición y por consiguiente, ese grupo está desconociendo el mismo pacto social de Costa Rica.
Cuarta conclusión, la impunidad con la que crean caos y desorden social cada vez que esos grupos protestan, los alentó no solo a dar tan peligrosas declaraciones que hasta podrían activar una acción de oficio del Ministerio Público pues podrían violar alguna ley y cuido si no hasta la misma Constitución pues es evidente que no tendrían el mayor reparo para convertir en hechos reales esas amenazas.
Quinta conclusión, nadie puede negar que ese movimiento tiene una organización y método formales, si son un grupo grande o pequeño, no importa, lo que debe tenerse claro, es que tiene la logística suficiente y necesaria para paralizar el país al realizar los actos anunciados.
Sexta conclusión, el Poder Ejecutivo está como aterrorizado con los actos que los adeptos a ese movimiento sindical pudieran provocar y en vez de enfrentarlos, decididamente, con la ley en la mano, ha preferido hacerse el ciego y el sordo para no tener que tomar acción alguna.
Esa percepción si no fuese exacta, ciertamente, es la que tiene el Movimiento Cívico Nacional, caso contrario, jamás se hubieran atrevido a dar declaraciones tan peligrosas y tendenciosas.
La inacción del gobierno para atender diligentemente la problemática nacional que preocupan a todos los ciudadanos como son los constantes aumentos en los combustibles, servicios públicos la inseguridad ciudadana, falta de oportunidades, etc., son algunas de las variables que atizan el descontento popular que está latente y esperando que alguien o algo lo haga reventar en cualquier forma.
Séptima conclusión, nadie puede negar que todo lo anterior, tiene a los ciudadanos frustrados, insatisfechos pero sobretodo casi derrotados al no ver una alternativa que aporte una verdadera solución a sus graves problemas personales, familiares y hasta empresariales. La rabia y la cólera son inmensas y siguen aumentando.
Lo anterior, es una gran carga de explosivos sociales en espera de que alguien encienda la mecha para explotar, no para apoyar las ideas propuesta por el Movimiento Cívico Nacional, sino para desquitarse y eliminar así toda esa agresividad que viene acumulándose desde hace años pero no solo por la incapacidad del actual gobierno, sino también por la de los anteriores que no han sabido abordar adecuadamente la problemática nacional.
Octava conclusión, es urgente crear otra alternativa verdaderamente democrática e inteligente que permita para canalizar inteligentemente esa rabia y frustración que sienten las y los costarricenses.
Hay que evitar a toda costa que esas personas caigan en una histeria colectiva que es lo que pretende el Movimiento Cívica Nacional. Si este grupo logra que la gente por su medio exprese su descontento con la situación general del país, las consecuencias finales, serían ciertamente muy graves y de pronóstico muy reservado.
Observaciones finales
El tiempo se está acabando rápidamente y alguien, alguna organización o grupo de personas debe darse a la tarea urgente de conformar un movimiento para llegar a una convergencia nacional sobre un acuerdo concreto: Nada ni nadie debe estar por encina de los intereses sagrados de la Patria.
La confrontación social es lo que ha hundido y sigue hundiendo a pueblos enteros en guerras fraticidas, trayendo mayor dolor y destrucción que la que se quiere erradicar.
Nadie discute el que el actual sistema político costarricense esté agotado y que urge un nuevo modelo de desarrollo político, económico y social pero es absolutamente inaceptable que existiendo una democracia real, se recurra a la confrontación social y al irrespeto al estado social de derecho como argumento supuestamente para mejorar a Costa Rica.
Ciertamente, urge de un nuevo modelo de desarrollo que responda a los signos de los tiempos y sepa aprovechar las ventajas comparativas en educación, salud y posición geográfica pero paralelamente debe estimular procesos de investigación y desarrollo de proyectos que logren atraer inversionistas, empresas internacionales que vean en nuestro país como un destino en el que sus negocios adquirirán mayores ventajas y fortalezas competitivas. Pero esto no será posible en un clima de inestabilidad económica, social y política.
El movimiento de convergencia nacional, debe estar constituido por representantes de los distintos sectores económicos y sociales: Trabajadores, profesionales, académicos, patronos, políticos, etc. Debe tener una visión de su función estratégica, más allá de ser una simple alternativa a la actual coyuntura creada por los grupos afines al Movimiento Cívico Nacional y afines.
Por lo tanto, debe tener objetivos de corto, mediano y largo plazo. Contar con una organización y método permanentes e insistimos, no solo para erradicar la amenaza presente sino ir más allá al convertirse en la organización semilla de un que incluso hasta genere un dialogo virtuoso entre los distintos actores sociales para juntos proponer un nuevo modelo de desarrollo que sea realmente un motor de estabilidad política y de crecimiento económico y social.
Solo así se podrá producir un crecimiento económico sustentable y una justa distribución de la riqueza material para que alcance a todos los sectores de la sociedad. Como mecanismo idóneo para fortalecer la democracia y el estado social de derecho costarricense.
Cualquiera diría que esa iniciativa de crear ese diálogo virtuoso, es responsabilidad del Gobierno o de los políticos, lo cual teóricamente, es cierto pero en su evidente incapacidad y ausencia, ese rol lo deberá asumir otra entidad o personas físicas que acepten el reto de llevar adelante esa estratégica iniciativa para mantener la paz de Costa Rica.
Como individuos y como organizaciones sociales – a lo interno y a lo externo de ellas- debemos decidir de qué lado nos ubicaremos, de los van construir una nueva Costa Rica o de los que la quieren destruir. Cada uno tiene la palabra y así asumir su responsabilidad con la Patria, con su familia y consigo mismo.